miércoles, 19 de noviembre de 2008

Juventud Hipertensa


Ayer, en la consulta del médico, a mi padre le diagnosticaron hipertensión. Bueno, mejor dicho, se la diagnosticaron hace diez días, pero ayer le mandaron las pastillas para regulársela. A simple vista, puede dar la impresión de tener un padre glotón y dado a los excesos, pero la verdad, y que yo recuerde, mi padre ha comido lo que suelen elogiar "dieta mediterranea". Bebía sus cervezas, pero tampoco era para tanto. Lo que sí sé es que de jovencito cometió muchos excesos con el alcohol y los porros. Y llegada a ésta conclusión, me ha dado un ataque de pánico. Me veo en un futuro rodeada de quinces y dieces en los marcadores de miles de esfigmomanometros. Mientras, miraré al techo y recordaré mi juventud, divino tesoro.


Quizá estoy tan asutada porque me parezco demasiado a él. Y la genética es como paquirrín, altamente previsible. Lo pienso fríamente, y de un modo u otro tendré achaques a cierta edad, asi que, ¿por qué condenar mi juventud?¿por qué no vivirla como lo que es, juventud?


Perdonad que esté tan filosófica, es que debido al ataque de responsabilidad me he puesto a dieta (por hoy, ya veremos mañana) y el hambre afecta a mi capacidad de vislumbramiento.


Pues eso. Me comere las uñas, que dicen que no engordan. ¿O sí?

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